Iniciaremos nuestra exploración de las Ideas Santas investigando una condición particular u orientación del alma que constituye su base. La presencia o ausencia relativa de dicha condición en nuestra consciencia individual, o alma, tiene un efecto importante en nuestra orientación hacia el Ser o nuestro alejamiento de Él. Cuando dicho estado está presente, el desarrollo del alma se desplaza hacia el Ser; cuando está relativamente ausente, el alma se desarrolla más hacia el ego. El alma siempre desarrolla un ego y una identificación con él, debido a la naturaleza de la indefensión propia de la infancia, la encarnación física y el desarrollo conceptual (véase el Capítulo 22 de The Pearl Beyond Price, Almaas, 1988); sin embargo, el grado de fijación y plenitud de dicha identificación se verá muy influido por el grado en el que dicho estado está presente. Al comprenderlo, podemos entender la causa de que el desarrollo espiritual parezca relativamente fácil para algunas personas y más difícil para otras, así como la causa de que el desarrollo parezca producirse por si mismo en el caso de unas pocas personas pero no para la mayoría de éstas. El grado de presencia o ausencia de esta cualidad no explica completamente dichas diferencias en el desarrollo, pero constituye un fuerte determinante.

Para comprender la importancia de esta condición, debemos comprender que sucede en el proceso de la transformación espiritual. El ego constituye una estructura psíquica que se basa en creencias cristalizadas sobre lo que somos y sobre lo que es el mundo. Nos experimentamos a nosotros mismos y al mundo mediante el filtro de dicha estructura. El despertar espiritual implica conectar con estas dimensiones de la experiencia nubladas por la estructura del ego. En nuestro trabajo, el Enfoque del Diamante, este desarrollo constituye un proceso gradual de atravesar las distintas facetas de esta estructura del ego; creencias particulares e imágenes con las que nos hemos identificado y hemos tomado por verdaderas.

La importancia de la confianza básica

El primer paso de este proceso consistente en afrontar cualquier sector del ego tiene dos partes. La primera es ser consciente -percibiendo y experimentando realmente- de la particular creencia o identificación que constituye la estructura. La segunda es la disolución de dicha faceta de la estructura del ego. En el proceso de transformación, la última es la más difícil, puesto que significa soltar parte de nuestra identidad, y dicha entrega puede experimentarse como una disolución, una desintegración, una fragmentación, o una sensación de que nos estamos desmoronando. Dicha coyuntura puede ser muy dolorosa y aterradora puesto que la antigua sensación de nuestra identidad se está desmoronando y no sabemos que es -si es que es algo- lo que ocupará su lugar. Lo que te acompañaba, lo sentías como algo real, y ahora lo estás soltando y dirigiéndote a lo que parece un territorio desconocido y sin cartografiar. Tenemos la sensación de estar saltando a un abismo, lo que puede ser algo terrorífico.

Si este salto al abismo es fácil, nuestra transformación tenderá a producirse con facilidad. Pero si este soltar las antiguas identidades es difícil -muy doloroso o se ve excesivamente acompañado de miedo- tendremos la tendencia a aferrarnos a lo antiguo, manteniéndonos alineados con nuestro ego. Lo que marca la diferencia es la presencia de cierta clase de confianza que nosotros denominamos confianza básica. Se trata de una implícita confianza no verbalizada de que sucederá lo que es óptimo, la sensación de que pase lo que pase todo irá finalmente bien. Se trata de la confianza de que la realidad es buena en última instancia; de que la naturaleza, el universo y todo lo que existe son por su propia naturaleza buenos y de confianza; que lo que sucede es lo mejor que puede suceder. La confianza básica constituye una confianza no-conceptual en la bondad del universo, una confianza implícita y clara de que hay algo acerca del universo, de la naturaleza humana y de la vida que es inherentemente y fundamentalmente bueno, amoroso, y que nos desea lo mejor. Esta confianza innata y no formulada sobre la vida y la realidad se manifiesta como una disposición a saltar al abismo.

Cuando esta confianza es profunda, se manifiesta en el modo en que vivimos la vida; no necesariamente en lo que sentimos o en lo que pensamos. La confianza básica se experimenta como un sentido incuestionable de seguridad que es intrínseco al modo en que actuamos y vivimos. Cuando está muy presente, está confianza forma en tal medida parte de la estructura de nuestra alma que deja de ser algo en lo que pensamos; es preconceptual, preverbal, pre-diferenciación. Además, es tan básica que los acontecimientos y circunstancias de nuestra vida no pueden alterarla.

Por dicha razón, la confianza básica es distinta de nuestro sentido psicológico habitual de la confianza. Nuestra confianza ordinaria en las personas y situaciones está muy condicionada y es muy dependiente de la familiaridad y fiabilidad. Las experiencias dolorosas o las traiciones personales pueden alterar nuestra confianza en los elementos externos e internos de nuestra vida. Por lo tanto la confianza ordinaria tiene poco valor para penetrar en lo desconocido, puesto que dichos elementos siempre están sujetos al cambio.

La confianza básica, por otra parte, no es una confianza en algo, alguna persona, o alguna situación, y por lo tanto no se ve tan disminuida por las circunstancias de la vida. Por el contrario, nos proporciona una orientación implícita hacia todas las circunstancias que nos permite relajarnos y estar con ellas. Sentimos visceralmente que estamos y estaremos bien, incluso si los acontecimientos del momento nos defraudan o son dolorosos, o incluso totalmente desastrosos. En consecuencia, vivimos nuestra vida de tal forma que saltamos al abismo de un modo natural sin siquiera conceptualizar que estaremos bien, puesto que poseemos la sensación implícita de que el universo se ocupará de nosotros. Nuestra propia vida se convierte en un viaje espiritual, en el que sabemos que si paramos de intentarlo, dejamos de esforzarnos, dejamos de aferramos, dejamos de apegarnos a las personas, objetos y creencias, las cosas estarán bien e irán de la mejor de las maneras. Lo que no significa que soltar o permitir que se disuelvan las estructuras nos haga sentir necesariamente bien; no es en ello en lo que confiamos. Incluso si no nos sentimos bien, incluso si estamos asustados, de algún modo sabemos que esta disolución irá bien. La capacidad de aceptar la fase más problemática de la transformación espiritual -la disolución de las estructuras e identidades familiares- se produce a partir de este sentimiento innato de seguridad y salvaguarda.

La confianza básica es difícil de analizar puesto que hacerlo la vuelve explícita, mientras que es fundamentalmente implícita. Los que la poseen nunca piensan en ella, nunca la cuestionan, ni saben siquiera que exista tal cosa. Cuando ven a alguien que carece de ella, se preguntan por qué lo está pasando tan mal, por qué no sabe que las cosas irán bien. En aquellos que no han perdido nunca la confianza básica, existe inocencia. Sólo cuando la perdemos y la volvemos a desarrollar conscientemente, sabemos lo que significa carecer de ella.

La presencia o ausencia de la confianza básica

La confianza básica es la forma en que el alma sintoniza con una ley fundamental de la realidad, el hecho de que nuestro sentido de existir como una entidad separada y aislada es falso; que nuestra experiencia egóica de aislamiento e impotencia constituye una ilusión basada en la identificación con el mundo de la manifestación física. El saber que todos formamos parte de una realidad significa que nuestra verdadera naturaleza no se ve definida por la experiencia egótica o el cuerpo físico y no puede ser básicamente herida o destruida. Si el alma individual está en contacto con esta realidad de la no-separabilidad, entonces lo reflejará funcionando de un modo que exprese este conocimiento. Sin embargo, para alguien que ha perdido el contacto con la no-separabilidad, los actos de esta primera persona aparecerán confiados de un modo que puede parecer injustificable. Incluso a la mente consciente de la primera persona, sus propios actos le parecerían misteriosos si no estuviera en contacto con la experiencia de la no-separabilidad. Por dicha razón, sólo puede tener la sensación de que simplemente confía en que las cosas funcionarán, pero confía de un modo tan implícito que casi siente que lo sabe. Cuando la experiencia del alma es conscientemente la de ser un individuo separado, sólo puede experimentar el contacto con la no-separabilidad implícita como la sensación de benevolencia de la vida, en forma de confianza básica.

La mayoría de las personas no poseen mucha confianza básica; tienen la sensación de que está bien confiar en algunas situaciones pero no en otras. Para que confíen se han de dar ciertas condiciones. En este caso no se trata de una confianza inherente a la vida. Se trata de una confianza condicional. Cuando impera la confianza básica, afecta globalmente a la propia vida.

Cada uno de nosotros posee cierto grado de confianza básica; no es algo que podamos poseer o dejar de poseer. Sin ella, no podríamos funcionar. Su manifestación en la vida cotidiana es el modo en que confiamos en nuestro cuerpo basándonos en las leyes físicas de la naturaleza. Por ejemplo, excepto en el caso de que seamos ciegos, confiamos en que si nuestros ojos están abiertos, funcionaran y veremos. Se trata de una orientación tan básica que cuesta llamarla confianza; simplemente lo damos por hecho. Cuando por la noche nos vamos a dormir, damos por hecho que nos despertaremos al día siguiente. No tenemos necesidad de decirnos: “Confío en que está bien que me duerma”; simplemente cerramos los ojos y nos dormimos. Iniciar el trabajo de la transformación espiritual indica que poseemos una medida de la confianza básica que va más allá de la que tenemos en el funcionamiento de nuestro cuerpo y, en el proceso de hacer el Trabajo, esta confianza se hace más honda y se integra más.

La confianza básica nos proporciona la capacidad de entregarnos, la capacidad de soltar, la capacidad de saltar a lo desconocido. Con ella, no necesitamos garantías de que las cosas irán bien puesto que implícitamente sabemos que las cosas van a ir bien. No se trata de confiar en algo en particular, puesto que es preconceptual; es anterior a nuestras ideas diferenciadas sobre aquello en lo que confiamos. Por lo tanto la confianza básica va incluso más allá de confiar en Dios, puesto que tener la sensación de que confiamos en Dios significa que ya poseemos un concepto de Dios.

La presencia de la confianza básica indica que poseemos el sentido innato de que la vida es fundamentalmente benévola, y de que dicha benevolencia es independiente de nosotros y de nuestros actos. Tendremos dicha sensación en la medida en que nuestro enraizamiento en el universo no se haya visto trastornado. La presencia o ausencia relativa de la confianza básica constituye una cualidad visceral, a veces todo nuestro ser está enraizado o no lo está. La alteración de la confianza básica es un factor importante en el desarrollo del ego, puesto que la perspectiva del ego se opone diametralmente a la sensación de confianza básica. La perspectiva del ego nace de una falta de esta confianza. Se basa en la desconfianza, la paranoia, el miedo, así como en el convencimiento de que no vas a ser cuidado de un modo adecuado y de que el universo no está ahí para sostenerte y cuidarse de ti del modo que precisas. Este convencimiento hace que creas que debes comprometerte en toda clase de manipulaciones y juegos para poder satisfacer tus necesidades y hacer que las cosas funcionen.

Despliegue del alma

Ahora podemos ver cómo la presencia o ausencia de la confianza básica es crucial para el paso inicial en el proceso de la transformación de cualquier sector del ego. Dicho paso únicamente se completa soltando la estructura particular a la que nos hemos estado aferrando. La confianza básica nos proporciona la capacidad y la disponibilidad de soltar las imágenes, identificaciones, estructuras, creencias, ideas y conceptos; los restos del pasado que conforman el ego.

En este paso inicial está implícito el segundo: si somos capaces de entregarnos, entonces somos capaces de ser. Somos capaces de no intentar cambiar las cosas, ni manipularlas, ni tirar de ellas, ni empujarlas. Somos capaces de simplemente estar presentes, lo que en si mismo es una suerte de realización. Primero, por tanto, está la muerte de lo antiguo; luego está la realización del Ser. Si no poseemos la confianza básica, reaccionaremos ante lo que se presente de acuerdo a nuestros condicionamientos, y desearemos que nuestro proceso vaya de un modo u otro. No nos permitiremos estar simplemente presentes; estaremos tensos y rígidos. Por lo tanto precisamos de la confianza básica para permitir que el ego muera, y también para ser capaces de simplemente ser, sin reaccionar.

El tercer paso de transformación también requiere confianza básica. El tercer paso es permitir que las cosas se desarrollen espontánea y naturalmente del modo en que quieran hacerlo, sin intentar canalizarlas en la forma en que creamos que deben ir. Lo que significa no intentar determinar el curso de nuestro desarrollo o empujarlo de uno u otro modo. Por lo tanto si tenemos confianza básica en nuestro proceso, no sólo somos capaces de saltar al abismo, no sólo somos capaces de estar con todo lo que se presente, sino que también confiamos en que pase lo que pase estará bien. Lo que permite el despliegue natural de nuestra alma, abriéndonos a nuestra naturaleza interior.

Por lo tanto, si la confianza básica está presente, el alma soltará con mayor facilidad las antiguas estructuras, tendrá una mayor capacidad para dedicarse a simplemente ser, y tenderá a dejar que su proceso se despliegue sin interferencias, lo que conducirá de un modo natural hacia un desarrollo esencial. Sin confianza básica, la actitud del ego predominará y el alma carecerá de confianza implícita en su vida y en su proceso. El ego intentará tomar las riendas y manipular, empujando las cosas hacia un lado u otro, lo que producirá un mayor aislamiento y afianzamiento del ego.

La confianza básica es una condición inherente del alma. Nuestra alma posee confianza básica del mismo modo en que nuestros huesos poseen calcio. Tan fundamental y básica es en relación a la naturaleza del alma. Está más allá de lo no-conceptual; no es ni siquiera una experiencia. Más bien proporciona a nuestras experiencias una sensación de facilidad, de seguridad y salvaguarda, acompañado de un estado de libertad en la mente. Una falta de confianza básica es evidente en todas las inseguridades del ego. Al igual que todas las cualidades que implican una sensación de apoyo, la presencia de la cualidad que subyace a la confianza básica tiende a permanecer inconsciente o implícita hasta que sentimos su ausencia. Y puesto que las estructuras y actividades del ego están conectadas con la sensación de la falta de confianza, el foco de la personalidad se situará en esta falta, en el miedo, en preocuparse y planear, así como en tratar de compensar esta percibida falta de apoyo. Esta es la causa de que podamos decir que dicha cualidad es inherente al alma aunque al mismo tiempo la sensación de falta de apoyo predomine en nuestra experiencia consciente.

Cuanto más está presente la confianza básica, en mayor medida puede el proceso de realización y transformación proceder de un modo suave. Si carecemos de confianza básica, es importante que la desarrollemos. Desarrollo no significa construir alguna experiencia nueva del sí mismo. Significa experimentar los factores que trajeron consigo la profunda desconexión original de la realidad y, en particular, experimentar de forma repetida la verdad fundamental de la no-separabilidad hasta el punto en que el alma pueda morar de nuevo en el conocimiento de dicha verdad. Cada nueva experiencia de la verdad esencial hace más hondo el contacto del alma con su confianza básica.

Soltura y libertad en el vivir

En cierto sentido, la confianza básica es la piedra angular para el proceso del desarrollo espiritual, pero también afecta a la calidad del conjunto de nuestras vidas. Nos proporciona la sensación de que nuestras vidas evolucionan de un modo natural, progresando de unas formas, y en unas direcciones, que tal vez todavía no conozcamos o comprendamos pero sobre las que tenemos confianza de que irán bien. Si está presente la confianza básica, nuestras vidas se ven acompañadas de una sensación de libertad. Luego nace el deseo de saber a donde van las cosas, no por el ansia de controlar el despliegue, sino simplemente por curiosidad.

Cuando funcionamos a partir de la confianza básica, ésta está implícita en cómo vivimos, cómo interactuamos, cómo nos comportamos en el mundo y en cómo nos hacemos cargo de nuestra vida. Se trata de una cualidad fundamental de la vida humana, así como una necesidad para el trabajo de transformación. Podemos ver en qué medida está o no presente, al observar el modo en que vivimos nuestras vidas. La confianza básica se manifiesta a través de nuestros actos más que a través de nuestros pensamientos o sentimientos, puesto que se trata de un conocimiento visceral y el conocimiento visceral se muestra en los actos. Lo que lo convierte en un tipo de conocimiento que no solemos considerar conocimiento.

Para comprender la confianza básica en acción, hemos de distinguirla de la tendencia del ego hacia la inercia y la inactividad. Poseer confianza básica no implica que no actuemos. No significa que si alguien nos apunta con una pistola, no hagamos nada para defendernos. Significa que confiamos en nuestro impulso de correr; confiamos en el funcionamiento de nuestra inteligencia intrínseca. Asimismo, confiar en que el universo se cuidará de nosotros no significa que nos pasemos el día en la cama. El universo se cuidará de nosotros haciendo que nos levantemos y nos ocupemos de nuestros asuntos. El universo se despliega de un modo óptimo, y parte de este despliegue se produce a través de nosotros y de nuestros actos.

Cuando poseemos mucha confianza básica, somos valientes y auténticos. Nos arriesgamos. No nos dormimos en el seno de nuestras capacidades. Nos comprometemos totalmente con nuestra vida, haciendo lo que consideramos apropiado, con la confianza de que funcionará. Si poseemos poca confianza básica, nos paralizan el miedo al fracaso y el miedo al rechazo. Si buscamos pareja, la confianza básica significa arriesgarse a hablar con alguien a quien nos sentimos atraídos. Tal vez estemos algo asustados, pero el miedo no es tan importante y actuamos de todos modos. Si nos rechaza ¿qué importa? Nos sentimos fuertes. Qué importa, en el mundo hay millones de personas. Pero sin confianza básica, el rechazo puede experimentarse como el fin del mundo. Nos sentimos desesperados. Por lo tanto, la confianza básica implica esperanza real, que analizaremos cuando lleguemos a la Idea Santa de la Santa Esperanza.

Cuando nuestra confianza básica se hace más profunda, alcanzamos una sensación interior de relajación que permite que nuestra alma se despliegue de un modo espontáneo y natural. La confianza afecta a nuestra mente de tal modo que empezamos a ver que cualquier cosa que suceda está bien, incluso si es dolorosa, y las cosas que habíamos considerado malas resultan no serlo. Hemos de tener un punto de vista distinto, poseyendo una visión más fundamental y verdadera del universo. Vemos que todo lo que existe en el mundo está bien tal cual y que todo lo que pase estará bien, que no sobra ni falta nada. Esta es la Idea de la Santa Perfección. Para ver esta verdad, hemos de confiar en el universo. Cuando existe una confianza básica profunda, percibimos el universo a través de las Ideas Santas. Si existe poca confianza básica, vemos el universo a través de una mente cerrada, mediante el filtro de la estructura fija del ego.

Sin sentir el sostén amoroso del universo, no podemos poseer confianza básica. ¿Cómo podemos soltar realmente y permitirnos ser, si no confiamos en que las cosas están fundamentalmente bien, que lo que suceda será apropiado? Si no poseemos dicha confianza, estamos constantemente asustados, tensos; luchando continuamente con la realidad, interna y externa. Por lo tanto hemos de reclamar nuestra confianza básica. Todo el trabajo sobre uno mismo es necesario a causa de que nuestra confianza básica no es completa. Si lo fuera, nos sentiríamos completamente relajados y creceríamos espontáneamente para convertirnos en lo que se supone deberíamos ser.

Puesto que nuestra confianza básica no es completa, luchamos, nos resistimos y nos debatimos; y luego necesitamos enseñanzas y prácticas para comprobar que nuestra lucha es baladí y en realidad constituye el problema. Todos queremos estar en paz con nosotros mismos, con nuestras vidas, con cualquier situación en que nos encontremos. No sabemos como hacerlo, por lo que siempre nos estamos debatiendo y luchando con nuestra realidad, intentando aportar algo de armonía y relajación, una cierta disminución de la preocupación y del miedo. Pero todo lo que tenemos que hacer es dejar de luchar con nosotros mismos y con la realidad. Cuando se dice que el sufrimiento cesa al alcanzar la realización o la iluminación, ello quiere decir que finaliza la lucha. La iluminación no es un asunto de no sentir dolor, sino de no luchar con él.

Confianza básica y realización

La confianza básica es sinónimo de estar realizado, de estar centrado, sin tensiones. Cuando hablamos de no luchar, queremos decir no luchar con uno mismo. Lo que no significa que no debamos esforzarnos. Si tenemos que cortar leña, cortamos leña, pero no vacilamos ni nos preguntamos si es lo adecuado o hacemos juicios sobre el modo en que llevamos a cabo la tarea. Simplemente cortamos leña. La mayoría de nosotros simplemente no podemos hacerlo al estar luchando con nosotros mismos. Cuando investigamos, comprobamos que estamos luchando con nosotros mismos porque no tenemos confianza. No confiamos en que si nos relajamos, tendremos la capacidad, la inteligencia, la fuerza y la compasión necesarias para manejar nuestras vidas. No confiamos en que la realidad, tal cual, está básicamente bien y funcionará a nuestro favor y nos apoyará sin ninguna interferencia por nuestra parte. La confianza básica consiste en aprender que la vida es manejable; que podemos relajarnos en ella y simplemente dejarla ser. Constituye confiar en que el universo mismo nos apoya y en que tenemos los recursos internos para afrontar todo aquello que la vida nos presente.

Por lo tanto, la confianza básica significa confiar lo suficiente para dejar que la mente se detenga y esté interiormente en silencio, sabiendo que si hay algo que debamos conocer, el conocimiento se presentará. Significa confiar en que si necesitamos hacer algo, seremos capaces de hacerlo. Significa aceptar y confiar en el silencio, la serenidad y el no-Ser. Si no confiamos, no podemos dejar que nuestras mentes se silencien y no podemos permitirnos la serenidad. Pensamos que siempre debemos estar en marcha, siempre haciendo que algo suceda o no suceda, por lo que no damos descanso a nuestras mentes o a nuestros cuerpos. Creemos que si nuestras mentes están tranquilas, cuando necesitemos cierta información, no la encontraremos. Creemos que si nuestros cuerpos están serenos, cuando necesitemos actuar, no serán capaces de hacerlo.

Sin la confianza básica, no confiamos en nuestra naturaleza, ni en nuestros recursos internos ni en el universo que nos otorga el nacimiento y nos está siempre sosteniendo, proveyéndonos constantemente, y que seguirá proporcionándonos cualquier cosa que realmente necesitemos. Sin dicha confianza, no nos experimentamos como los hijos del universo que realmente somos. Nos experimentamos como seres abandonados, proscritos, dejados a nuestra suerte, y no sólo a nuestra merced, sino también con la creencia de que nuestras capacidades son insuficientes. Nos experimentamos a nosotros mismos como solitarios, aislados, separados, sin recibir sustento del universo, y al mismo tiempo, pequeños, incapaces, y carentes de lo que se precisa para sostenernos a nosotros mismos. Por lo tanto vivimos en un estado de constante temor. Se trata de la posición fundamental del ego.

Comprender de un modo vivencial la confianza básica y desarrollarla, el hecho de permitirnos entregarnos, soltarnos y relajarnos en lo que hay, no es fácil, debido a que nuestras mentes se han vuelto muy complicadas en nuestros intentos por manejar nuestra ignorancia y desconfianza. Nuestras mentes se han dividido en muchos fragmentos que están constantemente luchando con la realidad así como unos con otros. A causa de la complejidad y de la desarmonía de nuestras mentes, se necesita mucho trabajo, inteligencia y energía para atravesar el muro de complejidad y oscuridad, así como para descubrir cual es la auténtica verdad de la realidad. La realidad en sí misma es muy sencilla y directa, pero no podemos ver dicha sencillez, no podemos ver la normalidad de nuestro estado natural.

Veamos algunos ejemplos para comprender que queremos decir con simplicidad y complejidad. ¿Con qué frecuencia se da el caso de que nos sentimos hambrientos, comemos y estamos realmente en paz, sin tener ningún tipo de conflicto con nosotros mismos a causa de ello, sin preocuparnos de si es el momento adecuado de comer, si estamos comiendo mucho o poco, si estamos comiendo sólo porque nuestro estómago está vacío y queremos algo de comer? La mente complica la experiencia pensando acerca de ello, reflexionando sobre ello, juzgándolo, diciéndonos que no debemos comer ahora o que somos malos por comer lo que nos apetece. O estamos cansados, por ejemplo, y simplemente deseamos relajarnos y tal vez leer el diario o mirar un poco la televisión, pero ¿nos deja solos la mente? “¿Cómo puedo descansar cuando hay cosas sin hacer? ¿Qué pasa con nuestras responsabilidades? ¿Estoy o no perdiendo el tiempo? ¿Soy indulgente? Tenía que haber descansado antes; estoy cansado porque no me permito descansar.”

Si nos observamos a nosotros mismos, veremos que siempre existe un continuo comentario en el interior. Una parte de nosotros siempre está criticando lo que hacemos, sentimos y pensamos, diciéndonos que estamos equivocados por lo que sentimos y pensamos, que no lo estamos haciendo bien y que no lo haremos nunca, somos básicamente una mala persona, no debemos actuar de este modo, debemos actuar de este otro modo, etc. ¿Qué problema hay en descansar cuando estamos cansados? ¿Qué problema hay en sentarnos, leer un libro, tomarnos una taza de té o ver la televisión sin hacer nada más? ¿Podemos hacerlo?

Cuando empezamos a trabajar con nosotros mismos, la situación todavía se complica más. Estamos sentados viendo la televisión, y empezamos a pensar: “No debería estar viendo la televisión, sino que tendría que estar meditando o leyendo algún libro sagrado, en lugar de perder el tiempo mirando este estúpido programa de televisión.” Nos irritamos, criticando nuestro estado: “Debería ser más cósmico y no disfrutar de este absurdo culebrón.”

Este es nuestro sufrimiento; este es nuestro dolor. No nos permitimos simplemente ser. Incluso cuando meditamos, es raro que solamente nos sentemos y nos dejemos ir. “¿Lo estoy haciendo bien? No pasa nada. Estoy perdiendo el tiempo.” En muy pocas ocasiones simplemente nos sentamos y dejamos que suceda todo aquello que pasa. Esta es la sensación de discordancia que nace al carecer de confianza.

Si la confianza básica informa nuestra experiencia, nuestra psique está relajada. Nuestra alma está en paz consigo misma y con nuestra situación, descansando en la confianza clara de que el universo provee, que tenemos y recibiremos aquello que realmente necesitamos y que las cosas serán manejables. Si realmente poseemos dicha confianza, esta profunda relajación interna, es posible vivir nuestras vidas con amor, a partir de una valoración de la vida, con el gozo de lo que el universo nos proporciona, y con compasión y generosidad para con los demás y para con nosotros mismos. Sin ella, vivimos nuestras vidas a la defensiva, en conflicto con los demás y con nosotros mismos, lo que hace que nos volvamos egoístas. Descubrir nuestra confianza básica es volver a comunicar con nuestro estado natural del que nos hemos apartado. Cuando estamos impregnados de forma innata de la realidad, nuestra alma o consciencia es completamente transparente a la verdad de que nosotros y el universo somos uno, que estamos sostenidos por la realidad y de que dicha realidad es por naturaleza buena, y que lo que sucede es inevitablemente correcto puesto que surge de esta perfección inherente. Cuando lo comprendemos, se torna evidente la causa de que sea tan difícil relajarse y soltarse, y el hecho de que sea tan importante recuperar nuestra confianza básica.

 

Extracto del libro “Facetas de la unidad, El Eneagrama de las Ideas Santas”.

2ª parte, Cap.4.  Confianza Básica.

Autor A.H. Amaas

 

 

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